Casting Logan

«La gente me llama Lobezno. Soy el mejor en mi trabajo, y mi trabajo es…»

 

El motor de la motocicleta ruge a cada giro de muñeca que realizo, dejando de escuchar el silbido del viento por un segundo para, tan solo, oír el gruñido de mi preciosidad sobre ruedas.

 

Noto el viento helado de la nocturna Nueva York bañando mi rostro y revolviendo mi pelo negro. No llevo casco, no lo necesito, tan solo requiero del exceso de Adrenalina que, actualmente, corre por mi cuerpo. Esta sobre-excitación es debida a la persecución que estoy llevando a cabo, persiguiendo a una furgoneta pilotada por dos jodidos camellos. Me la suda que esos putos yonkisvendemierdas se consigan una pasta vendiendo a pirados iguales que ellos… Pero que hayan violado a una niña de quince años para cobrarse sus jodidas drogas… Eso me hierve la sangre…

 

La furgoneta, en el intento de escapar de mi motocicleta, adelanta como puede al tráfico de la autovía, no recibiendo más que el molesto pitido de los cláxones de aquellos coches que deben de frenar en seco para no chocar. En cambio, para mí, no supone ningún problema esquivar los otros automóviles, volviendo a situarme detrás de mis dos presas, sediento de hacerles experimentar el auténtico dolor.

 

El co-piloto, un afroamericano flacucho que esconde su cabeza rapada con un pañuelo, saca por la ventanilla su delgado brazo para apuntarme con una semiautomática ante la amenaza de ser alcanzados gracias al motor de mi preciosidad. Siete rápidos e inexpertos disparos. Solo dos alcanzan la llanta delantera para explotar la rueda, saliendo disparado mi gran cuerpo hacia delante mientras el vehículo de dos ruedas se desmontaba a cada rápida y brutal vuelta que daba sobre el asfalto. El joven observa como la moto destrozada se queda atrás… Pero no hay rastro de mi cuerpo destrozado y ensangrentado sobre la superficie negra. ¿La razón? Las garras de Adamantium.

 

Justo antes de estamparme contra la calzada, las garras de acero cortaron con suma facilidad mi piel ya acostumbrada-después de todo, es más de medio sigo usando estas garras… Ya es solo una simple molestia cada vez que las hago salir. Ya ni siquiera sangro como en los primeros años- para así perforar y quedar enganchado en la puerta trasera de la furgoneta. Lo demás, es coser y cantar: Escalo por el vehículo, clavando con suma facilidad mis garras en la chapa blanca como si este se tratase de papel, avanzando hasta situarme justo sobre la cabina. Un octavo disparo se escucha, notando como acierta en mi sien. El afro-americano, que todavía estaba asomado por su ventanilla, me mira con espanto mientras me sigue apuntando con sus manos temblorosas y llenas de sudor, pudiendo ver de esta forma como el disparo no ocasionó un gran mal, haciendo efecto mi factor curativo a la vez que le miro con los ojos lleno de furia.

 

No vacilo al perforar su cuello con las garras para, con un tirón fuerte, lanzarlo por los aires, tomando su asiento justo en el momento en que se desprende del acero de mis garras; entrando por la ventanilla todavía abierta.

 

¡Ah! ¡JODER!” Es lo único que dice el conductor, otro afro-americano -pero más adulto, con una gran barba rizada de color azabache- al verme justo a su lado, temblando de pavor “Va-Vale, tío… L-Lo siento… M-Me entrego, méteme en el trullo… Pero no me mates, por favor…

 

No soy uno de esos tíos, mamón” Gruño como un lobo furioso, perforando entonces su entrepierna con las garras manchadas de sangre. Consigo robarle un grito desgarrador de dolor cuando le hago perder su virilidad de la forma más horrible y dolorosa de todas, perdiendo el control del vehículo, saliendo de la carretera para acabar chocando con un poste eléctrico.

 

Al cabo de unos minutos, me despierto. Me encuentro tirado en el césped con el cuerpo manchado de sangre, pero sin herida alguna, y con toda mi ropa desgarrada. A mi lado, descansa el difunto conductor, teniendo las extremidades rotas al igual que el cráneo, del cual rezuman sus sesos. En ese momento, me doy cuenta de que, en el momento del impacto con el poste, ambos salimos volando quince metros a través del parabrisas para acabar contra el duro suelo, el cual terminó con la agonía del ya no-hombre.

 

Tsk…” Chasqueo mi lengua, crujiendo mi cuello para recolocarme las vértebras. Al parecer, la muerte de estos dos hijos de puta no me ha satisfecho… Del todo.

 

Sé que hay gente que me teme por mis métodos, otros que me adoran por no parecerme a los maricas de mayas que no matan… Lo que sé es que me llaman Lobezno y que soy el mejor en mi puto trabajo.


Casting de James Gordon

El reflector proyectaba en las nubes nocturnas el dibujo de un murciélago, el murciélago de Batman.
Simplemente, me encontraba al lado del nuevo aparato de la Comisaría de Gotham, notando el agobiante calor que desprendía la bombilla de varios watios. Como consecuencia, tuve que aflojar un poco el nudo de la corbata para quitarme el primer botón de la camisa completamente blanca, impecable… Se notaba que era Lunes porque Barbara había hecho la colada y planchado la ropa por la mañana.

<<Está tardando mucho…>> La idea de que el justiciero no apareciese esa noche pasó por mi cabeza. Era evidente que dudase ya que no hacía ni medio año que Batman había empezado a luchar contra el crimen de Gotham. Cualquier humano lo habría dejado por su estado físico y psicológico… Aun así, borré aquel pensamiento de mi mente, sacando del bolsillo del pantalón un chicle mentolado.

¿Has dejado de fumar, Jim?—Entonces, en el mismo momento en el que me metí la golosina en la boca, escuchar la voz grave tan característica de Batman me sobresaltó. Todavía no estaba acostumbrado a aquellas llegadas, pensando que cualquier día no moriría por el arma de algún homicida, sino por un paro cardíaco provocado por el justiciero…

—Respondí, dándome la vuelta para ver la atlética y alta figura del murciélago entre la oscuridad que se extendía por la azotea-la cual era más evidente cuando la luz del reflector se reflejaba en las lentes de mis gafas—Ahora que el pequeño Jimmy ha nacido y que hemos traído a Barbara a vivir a Gotham, mi esposa no quiere que fume en casa.

Saqué el paquete de mentolados del bolsillo, extendiéndolo hacia Batman para darle uno si le apetecía. Pero con solo levantar su diestra dio a entender que, en aquel momento, no había ido para aceptar los chicles de un viejo policía que ya rondaba los cincuenta, sino por algo más serio.

Tres personas han ingresado en el Hospital desde que ha empezado la noche…—Comencé a comentar al héroe de Gotham, dirigiendo mientras tanto mis ojos cansados hacia todas las luces de los edificios contiguos al departamento de policía—Sufren alucinaciones y delirios además de un conducta hostil hacia toda persona, como si estuvieran en peligro. Según los análisis, se ha encontrado una toxina que es parecido a …

La del Gas del Miedo de Crane…—Concluyó el enmascarado con su constante tono serio.

Exacto. A los tres los encontramos por la parte Note de Gotham, por si te sirve de algo para encontrar a Crane. El último, William Robbes, se encontraba en la puerta del museo.

Entendido.

Batman…—Después de unos largos segundos de silencio después de que el Caballero Oscuro hablase, rompí aquel incómodo momento para proseguir con una conversación para nada profesional—Sé que haces esto sin buscar ningún premio a cambio. Tampoco lo haces para ser reconocido ni una especie de publicidad… Sé que tan solo lo haces para hacer esta ciudad corrupta un lugar mejor. Por ello, te quería dar las gra…

No terminé la palabra. Simplemente, no era necesario, ya que cuando me giré para volver de nuevo mi vista hacia él, había desaparecido. Como siempre hacía, marchándose sin avisar. Otra cosa a la que debería acostumbrarme desde entonces…

Con suma tranquilidad, apagué la Batseñal para así dejar la azotea completamente a oscuras, volviendo de nuevo mi vista seria hacia la ciudad.Hacía unos meses, aquella ciudad era el reino de la corrupción y la anarquía, donde la gran mayoría-donde no me incluía- de policías eran corruptos y que, por desgracia, vivíamos reprimidos por algunos criminales que; o bien eran soplones; o bien sabían demasiado de nuestras vidas privadas… 

Pero en tan solo medio año, Gotham se había vuelto una ciudad más segura, un lugar donde ya no tenías que temer por tu vida cada vez que salías a la calle. Y no fue gracias a la gran cantidad de policías que formaban el cuerpo de la ciudad, sino por una sola y simple persona que fue tratado al principio como un maníaco y demente y tratado como tal. Batman ha convertido Gotham en una ciudad mejor. Y estoy seguro de que esto es el principio…

The Times They Are a-Changin’…—Susurré finalmente mientras una media sonrisa aparecía en mi rostro-aunque mi gran bigote la hiciese imperceptible debido a que ocultaba por completo el labio superior-, recordando el título de la canción de Bob Dylan escrita en los años sesenta a modo de protesta.


Casting de Oswald C. Cobblepot

Milimétrico, rítmico, funcionando a la perfección.
El tic-tac del reloj de Cuco es lo único que se escucha en el despacho sumido en la oscuridad-la única luz que hay es la de la ciudad de Gotham, la cual entra por la ventana-. Solo escuchar el reloj le pone nervioso, lo veo en la forma de morderse el labio y de agarrar con fuerza sus temblorosas piernas-aunque se encuentra sentado justo delante de mi escritorio-.

Se-Señor Cobblepot—Su voz temblorosa también delata su estado actual, tragando saliva para intentar calmar la sed de su garganta reseca—Si-siento mucho mi comportamiento, no imaginaba que se trataría de usted. De ser así, nunca le habría faltado el respeto…

Ah… Siempre siento esta satisfacción cuando se muestran tan temerosos ante mi… Simplemente, intentan mostrar que, de alguna forma, les importo en sus miserables vidas y que realmente me respetan como persona. Pero no es así. Todo esto, la farsa entera, se sustenta por dos cosas: El dinero y el poder. Nadie se mostrará tal y como es ni tampoco dirá lo que realmente piensa sobre mi porque este es mi mundo. La más leve oscilación de mi dedo pone a hombres adultos en marcha a toda prisa, un movimiento con la barbilla envía a una chica nueva a mi despacho tras el espectáculo,… Cada gesto arroja el fruto deseado, una jerarquía perfectamente mantenida con ya sabéis quien en el mando, la vieja danza del depredador y la presa.
Por desgracia, el pobre Arnold Murray me llamó “pequeño gordo” cuando se chocó conmigo de espaldas y derramó su copa en mi chaqueta. Si se hubiese dado la vuelta antes de hablar, habría podido seguir fingiendo que me respetaba como persona y que no era, tal como él había dicho, unpequeño gordo; porque cuando se dio cuenta a quien había insultado, ya era demasiado tarde para él.

E-En serio, Señor Cobblepot, si pudiera hacer algo…—Continua hablando con la voz temblando a más no poder, intentando contener las lágrimas mientras se levanta de su asiento. Pero mi guardaespaldas-más parecido a un gorila que a un humano por su apariencia- que se sitúa detrás suya le obliga delicadamente a volver a tomar asiento tras posas sus gigantescas manazas en ambos hombros del joven iluso.

En el rostro de Arnold ya no veo la mueca de asco y superioridad que vi justo en el momento en el que se estuvo dando la vuelta, ahora solo veo su rostro lleno de falso arrepentimiento y, eso sí, autentico pavor ante lo que puedo llegar a hacerle; siendo esto lo que le hace llegar a lamer mi culo de esta forma.

Wah, Wah…—Grazno con mi voz desagradable, la cual sale finalmente de entre mis labios fruncidos mientras intento sostener la boquilla negra de mi cigarrillo. Entonces, hago que mi silla gire sobre si misma para llegar hasta el suelo con un leve salto—Arnold, Arnold… Tranquilízate un poco, chico. Sé que mi aspecto no es agradable a la vista de nadie y, al menos, tú has dado la cara. Aun así, creo que tu forma de decirlo me ha dolido un poco.

Po-Por favor…—Ahora que estoy más cerca de él, puedo ver como sus ojos se vuelven vidriosos. Parece que está a punto de echarse a llorar, imaginándose lo peor—No me haga daño…

¿A tí? Noo…—Río de forma leve mientras que tomo entre mis dedos la larga boquilla negra, expulsando el humo acto seguido—Deja que te diga que está pasando ahora en tu mundo.

Arnold Murray… Ahora que me encuentro justo enfrente suya-estando casi a la misma altura su rostro, estando él sentado, y el mío debido a mi baja estatura-, vuelvo a ver su cara llena de asco hacia mi persona, lo cual me hace fruncir el ceño y hervir la sangre. Nadie mira con superioridad a Oswald Chersterfield Cobblepot, nadie… Así que en “compensación” a su osadía, va a vivir algo mucho peor de lo que se había imaginado.

Veamos…—Con suma tranquilidad, saco del bolsillo de mi chaqueta el reloj de bolsillo con mis gruesos dedos, mirando la hora justo después de ajustarme bien el monóculo de mi ojo derecho—Justo ahora, una furgoneta que se ha saltado el semáforo en rojo en el cruce de la gran avenida acaba de arrollar la motocicleta en la que iba tu hermano pequeño; seguramente no haya salido muy bien parado del repentino accidente… Por cierto, tu pareja se encuentra en el hospital debido a su repentino ataque al corazón, ¿no? Mis más sinceras disculpas, pero parece que un enfermero se ha confundido al administrarle un antihipertensivo por adrenalina, que ha aumentado considerablemente su tensión arterial. Los médicos están haciendo todo lo que pueden, pero parece que no tienen muchas esperanzas por la gran dosis que le han administrado. ¿Me falta algo más?… ¡Ah, sí! Mickey Houston, tu amigo de toda la vida… Bueno, él ahora está haciendo su turno de noche en la central eléctrica donde trabaja. Es una pena, pero se va a resbalar y va a caer desde el módulo en el que se encuentra hasta los generadores de toda la ciudad justo… Ahora.

Levanto la mirada de las agujas del reloj en el momento en que las luces de los otros edificios y las de mi pasillo parpadean por unos leves segundos. A la vez que los parpadeos cesan, el reloj de Cuco marca las 00:00, saliendo el pájaro de su jaula de madera. Sí… Sin duda alguna, todos los eslabones de mi venganza se han cumplido según lo previsto.
Milimétrico, rítmico, funcionando a la perfección.
Dirijo mi mirada a Arnold. Se encuentra tirado en el suelo llorando sin articular ninguna palabra, se encuentra en shock, tumbado sobre el vómito que seguramente habrá expulsado ante la presión de escuchar las novedades que le estuve diciendo… El olor de los ácidos regurgitados desde su estómago mezclado con el fuerte olor a orina-seguramente, también expulsada por las continuas sorpresas que el pobre Arnold se ha ido llevando- consiguen que muestre una mueca de desagrado y tape mi gran nariz puntiaguda con mi mano libre.

Por Dios…—Exclamo con desagrado mientras observo con superioridad a Arnold, aunque este ya no se de cuenta de lo que está ocurriendo a su alrededor—Que asquerosidad. Compórtate un poco, Arnold…

Señor—Mi guardaespaldas-gorila llama mi antención, mirándocme con seriedad mientras mantiene sus grandes dedos posados sobre el pinganillo que tiene en su oído—Me informan de que Batman ha entrado por la azotea.

¿El Detective?—Sonrío de forma leve al enterarme de que el murciélago ha venido de visita. Después de todo, estará buscando respuestas ya que, en esta misma semana, ya ha habido repentinos “accidentes” de las personas cercanas de los hombres que he “despedido”—Arnold, amigo mío, tenemos que dejar nuestra charla para otro momento. Parece que tengo una reunión bastante importante.

Tras hablar al Arnold inconsciente, me acerco al paragüero que hay en la entrada a mi despacho, tomando uno de mis paraguas negros. Acto seguido, después de que mi guardaespaldas tire a Arnold al pasillo y cierre la puerta, me siento de nuevo en mi butaca giratoria, apuntando con mi arma hacia la entrada a la espera del Caballero Oscuro de MI ciudad.
Esta va a ser una noche bastante animada, tan solo me queda esperar a que el inesperado invitado llegue hasta mí.

Esperar y actuar con un plan… Ese es el estilo de Oswald Cherterfield Cobblepot…


Casting del Joker

•REC

No sabía a que temer más: O la sonrosa y espeluznante risa del Joker-la cual, a veces se veía interrumpida por una tos seca-, o la razón que tendría Harley Quinn de encender aquella cámara de vídeo manchada de sangre ya seca.El acusado se encontraba de rodillas en el polvoriento suelo con las muñecas atadas a la espalda, teniendo a ambos lados dos subordinados del arlequín con sus respectivas máscaras de payaso. Frente a él, se encontraba el Joker, sentado en un sillón ya viejo con una amplia sonrisa en sus labios-la cual, parecía mucho más grande debido a las cicatrices que recorrían sus dos mejillas-, dejando a la vista sus amarillentos dientes; sumándole además sus ojos verdes abiertos de forma exagerada, los cuales se clavaban sobre el hombre de rodillas que se encontraba frente a él. Justo detrás del sillón, la mayor fan del payaso se mantenía de pie, esperando lo que ocurriría a continuación con la cámara de vídeo encendida.

El sudor frío no dejaba de caer por el rostro del hombre de rodillas-el cual se trataba de un espía de Dent que su misión era hacerse pasar por un hombre del Joker, no habiéndose mantenido demasiado aquella farsa-, no parando este de temblar mientras observaba con pavor al payaso de pelo verde que le sonreía de aquella forma tan aterradora. Los nervios y el miedo no desaparecían de su cuerpo.

— Billy, Billy —Soltó finalmente el payaso sin hacer desaparecer aquella sonrisa de sus labios, levantándose al fin del sillón para acercarse de forma lenta hacia el espía— Nos has estado engañando durante un tiempo. ¡Y nos llegamos a creer que eras de los nuestros! ¿No te parece gracioso? HAHAHAHA

De nuevo, las carcajadas del Joker volvieron a retumbar en la oscura y vacía habitación donde el arlequín se había estacionado en Arkham City. El payaso no dejaba de reír de aquel supuesto “chiste”, llegando incluso a inclinar un poco su cuerpo hacia atrás. Pero, de nuevo, se quedó callado y con un rostro serio, sacando del bolsillo de su chaqueta lila un cuchillo mientras se ponía en cuclillas frente al tal Billy, posando la hoja afilada y brillante sobre el cuello ajeno.

— Tienes razón, no tiene ninguna una gracia —Cambiando su opinión, Joker se quedó observando con seriedad al intruso asustado, presionando cada vez más el frío acero sobre la sudada piel de Billy— Nin-gu-na. Nunca me ha hecho gracia que se rían de mi y Harvey y tú, vosotros tres, lo habéis hecho.

El vello de Billy se erizó mientras observaba con sus ojos húmedos los orbes verdes del arlequín, pudiendo notar-a parte de la seriedad que transmitían-la locura que se ocultaba tras sus pupilas. Jugar con el Joker era de lo peor que se podía hacer en aquella ciudad, y él lo había hecho.

— Jo-Joker… —Con la voz temblando, Billy empezó a hablar, intentando no romper a llorar, intentando que sus labios se curvasen en una media sonrisa— S-Sé que me he equivocado… ¡Pe-Pero dame una segunda oportunidad y seré uno de tus hombres!

— Jonhy, dame tu pipa —El Joker hizo casos omisos a la oferta de Billy, centrando su atención en aquel momento al hombre con la máscara de payaso que se encontraba a la derecha de Billy, no tardando este en darle a su jefe en la mano el revolver que le había pedido.

— P-¡Por favor! —Pidió ya casi a punto de llorar el espía de Harvey Dent, levantando un poco su voz— S-¡Sé que eres un buen tipo, Joker!

Al escuchar aquello último, con el revolver en su diestra, el arlequín se detuvo durante unos segundos, volviendo a clavar su mirada verde sobre el acusado mientras su la sonrisa volvía a ser dibujada en sus rojizos labios pintados sobre el fondo blanco que se recorría por todo su arrugado rostro.

— ¿Un buen tipo? —El tono de seriedad que el Joker había mostrado hasta el momento fue borrado de su voz, mostrando esta vez una algo más alegre— ¿En serio piensas eso?

Un disparo. El ensordecedor sonido de un disparo hizo que todos callasen para, acto seguido, percibir todos como un cuerpo inerte caía con fuerza sobre el suelo. El Joker había apretado el gatillo del revolver para terminar asesinando. Pero el objetivo del cañón no fue Billy, sino Johny, el mismo secuaz del Joker que le había entregado el arma de fuego. El cadáver se encontraba tirado en el suelo boca arriba con un agujero perforando la ya resquebrajada máscara de payaso, habiendo perforado su cráneo con la bala.

— ¡¿De verdad crees qué soy una buena persona?! —Volvió a preguntar el arlequín del mal entre dientes realmente alterado y lleno de rabia, metiendo el cañón del revolver dentro de la boca del acusado mientras observaba el pavor en sus ojos llorosos, temblando ya de una forma notable a la vez que sus pantalones se empezaban a mojar debido a que su esfinter urinario ya no pudo contenerse más.

Mientras Billy notaba el sabor metálico y a polvora del canón en su lengua, quemándola además debido a que acababa de ser disparaba, podía ver de forma borrosa-ya que las lágrimas no le dejaban ver bien-otra vez la locura del Joker plasmada en sus ojos, los cuales se encontraba más cerca que antes. Al encontrarse el rostro del demente de Arkham más cerca, pudo notar unas leves ronchas rojizas desperdigadas por su frente, sienes y mandíbula.

— Bien —Más tranquilo y quitándole importancia al asunto por su tono de voz, el Joker se puso de pie después de haber sacado el cañón de la cavidad ajena, dándose la vuelta mientras limpiaba la saliva segregada por Billy en el arma con su chaqueta— Quiero que le lleves un mensaje a Harvey. A los dos —Puntualizó mientras caminaba alrededor del asustado y desconcertado espía, cortando las cuerdas que apretaban las muñecas de este último con su cuchillo, dejándole en libertad— “La fundición es mía, es mi territorio. No quiero que envíes a más tipejos para saber si realmente estoy enfermo ya que acabarán mal. Si realmente quieres saber sobre mí, tengamos una charla cara a cara… A cara.”

— S-Sí, Joker —Billy tardó en responder ya que el repentino cambio del Joker le desconcertó. Aun así, no quiso pensar demasiado en que aquellos cambios de humor era debido a la locura del Joker, saliendo disparado hacia la salida. Si el Joker había cambiado de parecer de aquella forma, podría volverlo a hacer de nuevo debido a su bipolaridad.

Y no se equivocó. Una nueva bala fue disparada, alcanzando la pierna del hombre de Dos Caras para terminar este en el suelo gritando de dolor, llevando ambas manos a la hemorragia que se había formado en su extremidad inferior.

— HAHAHAHAHA —De nuevo, el Joker reía de aquella forma tan sonora mientras caminaba hacia el espía, el cual se retorcía de dolor en el suelo— Billy, Billy. ¿En serio pensabas que te iba a dejar ir así como así? ¡Eso sí que es un buen chiste! Hay otras formas de mandarle ese mensaje a Harv.

Justo en aquel momento, mientras el herido gritaba de dolor, un chorro de un líquido amargo salió disparado de la flor marchita que el Joker llevaba en el bolsillo de su pecho para llegar hasta los labios del espía. Justo en aquel momento, dejó de gritar. Simplemente, no podía hacerlo.

Los músculos de su cara había empezado a contraerse, lo cual ocasionó que cerrase su boca para que los gritos quedasen ahogados entre sus apretados dientes. Sus manos se olvidaron de la herida de su pierna para dirigirse a su cara, la cual empezó a palmar con las manos manchadas de sangre para, acto seguido, rasgar sus mejillas con las uñas ya que no podía hacer nada para detener la contracción involuntaria de sus fibras musculares.

Poco a poco, aquellas contracciones se fueron extendiendo a lo largo de su cuerpo, llegando a sus pómulos, cuello, torax y extremidades para, finalmente, acabar muriendo ya que todos los músculos de su anatomía-incluido, el corazón-dejaron de funcionar. Lo único que quedó en su rostro era una amplia sonrisa que llegaba a dar miedo debido a la extensión de sus labios rasgados, expulsando además entre sus dientes una espuma verdosa.

— Llevadlo a los juzgados y colgad lo allí —Ordenó el Joker a su único secuaz que quedaba vivo, asintiendo este con algo de miedo mientras veía como Harley grababa con la cámara la amplia sonrisa de Billy— Que todo el mundo lo vea ¡Qué todo el mundo sonría como él al verlo! HAHAHAHA.

Nadie que aprecie su vida juega con el Joker, al menos, nadie que esté cuerdo; ya que el arlequín del mal tiene tan solo una enfermedad, una que es incurable. La locura.